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A PIE DE OBRA

Lujo, calma y zapatos. Es la hermosa resolución de la fábrica de Fiesso d'Artico, en pleno corazón del Véneto. Aquí hay manos expertas que ponen suntuosas creaciones a nuestros pies. La visita.
En la sala abierta, el arquitecto y artista Jean-Jacques Ory imaginó un escarpín gigante que esconde a la Venus de Botticelli.

Nadie diría que, en Fiesso d'Artico, el arte y la artesanía caminan a la par. Cerca de la Riviera del Brenta, el centro italiano del calzado de mujer, el arquitecto Jean-Marc Sandrolini instaló una fábrica con aires de convento. Fachadas de cien metros de largo rodeadas por una doble red metálica, muros de hormigón lisos y suntuosos, un patio instalado como un jardín zen... Sin arrogancia, este edificio dice todo acerca de la coherencia de la arquitectura con lo que allí reside, un concentrado de todo el saber de la Maison Louis Vuitton en términos de calzado.

Ya que aquí se elaboran las colecciones: 43 líneas de zapatos para mujer y otras tantas para hombre, casi 1,000 referencias por año. Un estudio de diseño donde la potencia de las computadoras se codea con la fragilidad de los lápices, de los compases y de las tijeras. No muy lejos de la oficina de diseño se esconde el depósito de materiales. Allí, las telas y los cueros componen un torbellino de colores, como un remolino de tonos, una paleta con la que podríamos vestirnos.

En el centro del patio, Priscilla, una obra de Joana Vasconcelos, un escarpín realizado con 600 ollas y sus tapas de hierro blanco, así como I left my shoes in Guilin, del artista taiwanés Ken Tsai.

Por su parte, la unidad de producción se divide en cuatro talleres señalados por colores primarios, de los que Mondrian no se hubiera quejado. Rojo, azul, amarillo y verde. Llevan el nombre de dos bolsos íconos de la Maison Louis Vuitton: Alma y Speedy, así como de dos cueros emblemáticos, Nomade et Taïga. En cada uno de ellos, los pasos necesarios para fabricar un calzado se siguen como marcados por un metrónomo. Las manos, cortan, desgastan, retocan, pegan, pliegan y alisan, mientras que el ojo controla y elimina sin la menor piedad todo producto sospechoso. Cada gesto realizado en el taller es el gesto de un artista. Coser una zuela a mano, estirar una piel e incluso deslizar una agujeta en los ojales de una zapatilla son gestos que parecen salidos de una coreografía. La paradoja es que en este mundo dedicado a los zapatos, las que se mueven son las manos.

Hace dieciséis años, Louis Vuitton todavía no producía zapatos. Hoy, la fábrica de Fiesso d'Artico se ha convertido en una referencia, ya que el arte que allí se despliega, camina de la mano del lujo.

Algunos modelos dignos de entrar en una colección de obras de arte: EYELINE, SPARKLES, ARTFUL, SPLENDOR.
Una alianza de bellezas en el patio, la escultura de Nathalie Decoster: L’Objet du désir.

Etiquetas: Savoir-Faire, Zapatos, Fiesso D'Artico